sábado, 24 de enero de 2009
Conclusiones
En este sentido, la aparición del Lazarillo supone el nacimiento de un género de importancia capital para la novela posterior. Su realismo social traslada el protagonismo desde los idealizados y maniqueístas personajes tradicionales, normalmente de clase noble, a un personaje mucho más cercano a la sociedad del momento, que sufre y padece sus hostilidades.
El camino recorrido durante el siglo XVI ayuda a la novela barroca del XVII, que desarrolla las formas novelescas anteriores con ingenioso tono y maestría, como puede ser corroborado en obras de referencia en el Siglo de Oro como el Buscón de Quevedo o Las novelas ejemplares de Cervantes, amén de citar su ingenioso hidalgo que no se incluye en este tema.
LA NOVELA EN EL SIGLO XVII
La novela picaresca es un género muy inestable: su desarrollo es un proceso precipitado de constitución y disolución. Son contadas las novelas que reúnen los requisitos anteriormente mencionados: relato autobiográfico, moralización a contrario, personajes del hampa… tan solo el Guzmán de Alfarache. A sabiendas de esto, incluiremos como picaresca todos los textos que intenten acercarse al modelo.
La obra capital de Mateo Alemán, Vida del pícaro Guzmán de Alfarache (1599) es una larga novela en dos partes que cuenta las andanzas del protagonista por España e Italia.
Estructura narrativa. Acción interrumpida por digresiones y reflexiones éticas, intención moralizante, se intercalan también gran cantidad de cuentecillos y anécdotas.
Forma y contenido armonizan en esta novela densa, lenta, profunda y de fatigosa lectura. Intenta analizar los más diversos aspectos de la sociedad contemporánea. Su radical pesimismo se vierte en una dura crítica que recae sobre personajes de los diversos grupos sociales.
Junto a esta obra, encuadrada más estrictamente en los parámetros de los picaresca, encontramos otras admitidas también dentro del género: El guitón Onofre, de Gregorio González (1604), La pícara Justina de Fco López de Úbeda, La hija de la Celestina de Salas Barbadillo o el Donado hablador de Jerónimo Alcalá Yáñez.
Se inicia Solorzano en el género con Las harpías de Madrid y coche de estafas (1631). Además la niña de los embustes, Teresa de Manzanares o la garduña de Sevilla.
Podemos cerrar la relación citando Vida y hechos de Estebanillo González por él mismo, y la Vida de don Gregorio Guadaña de Antonio Enríquez Gómez.
El Buscón de Quevedo. La novela se edita en Zaragoza por primera vez en 1626, pero su composición es muy anterior, Su éxito fue arrollador, se tradujo a todos los idiomas modernos y fue objeto de múltiples imitaciones.
Quevedo destruye la estructura novelesca reduciéndola a una serie de cuadros en los que se nos dan otras tantas visiones de la vida contemporánea. La ausencia de caso final que genera la forma autobiográfica hace que El Buscón presente una estructura original.
No se va a ahondar en la intimidad del personaje y en su evolución sicológica. Quevedo se atiene a las líneas maestras del género picaresco: narración en primera persona, ascendencia innoble del pícaro… pero rompe su trabazón. Los diversos episodios se suceden rápidamente pero sin atropellarse. La presencia del protagonista es lo único que sirve de enlace. Se divide en tres libros:
Escuela de la vida: actor aprendiz.
Escuela de la vida: espectador aprendiz.
Actor en la vida a partir de las enseñanzas recibidas y
Fracaso final.
Se puede establecer una catalogación de Pablos que lo distinguen de otros pícaros. Es un personaje vacío cuya única función es dar pie a que con sus aventuras podamos ser testigos de un mundo en descomposición.
No vemos en él el mínimo asomo de sentimiento afectivo o cariño. Muchos de los personajes con los que topa Pablos son grotescos y estrafalarios, véase en la prodigiosa caricaturización del dómine Cabra. El protagonista es el único que se mantiene en toda la novela.
Lenguaje conceptista, ingenioso, cargado de hipérboles sorprendentes, equívocos, sarcasmos, antítesis expresivas… sirve perfectamente a este proceso de desintegración de la realidad. No se puede hablar de realismo, pues el autor parte de una realidad muy concreta que deforma y caricaturiza.
Las novelas ejemplares de Cervantes. Se publicaron en 1613 con el nombre de ejemplares, pero no todos sus contemporáneos opinaban lo mismo: Avellaneda decía que eran más satíricas que ejemplares. Valbuena Prat distingue tres grupos dentro de la obra:
Novelas idealizantes, al estilo italiano, que son más flojas en su concepción y desarrollo: El amante liberal, la española inglesa, la fuerza de la sangre y la señora Cornelia.
Las novelas idealistas son las menos interesantes y más estereotipadas, transcurren, a veces, fuera de España y siguen la técnica italiana. Inverosímil, no cuenta la realidad, prácticamente ausente.
La española inglesa recoge, junto con las aventuras novelescas, abundantes recuerdos personales del autor, sobre todo de su cautiverio.
2. Novelas ideorrealista, en las que el proceso idealizado toma como punto de partida la realidad, no la convención literaria.
Hay dos tipos: las que se basan en una crisis final (La gitanilla y la ilustre fregona) y las que se inspiran en motivos folclóricos (el celoso extremeño y el casamiento engañoso).
Las ideorrealistas, pese a que algunas se desarrollan en ambientes aptos para la plasmación de la realidad social, se mueven en un mundo idealizado de bellezas sin par y honestidades inquebrantables. La gitanilla es una descripción pintoresca y optimista de la vida gitana es una de las más populares.
3. Novelas realistas, que constituyen un magistral cuadro de costumbres con sus ribetes de sátira e ironía. Su calidad es muy superior (Rinconete y Cortadillo, El coloquio de los perros, relato lucianesco, y El icenciado Vidriera)
El grupo de novelas realistas lo constituyen tres textos que podríamos calificar de denuncia social. Su acusación a la sociedad contemporánea tiene plena validez en otros tiempos y lugares. Cervantes nos muestra el mundo al revés, un mundo en que los ladrones están protegidos por la justicia, donde las verdades son apreciadas siempre y cuando se presenten en boca de un loco.
Rinconete y Cortadillo ha sido la más apreciada de la colección, se la ha considerado, a veces, como picaresca. Describe, magníficamente el hampa sevillana, que hace del robo la más sagrada de las instituciones.Genial es a su vez el manejo de Cervantes del relato lucianesco, con un particular estilo en el coloquio.
EL LAZARILLO DE TORMES
En cualquier caso, el anonimato funcionó como una perfecta máscara encubridora que permitió a su autor realizar un ataque a las clases sociales de su tiempo.
En cuanto a la fecha de composición, las interpretaciones parten de las alusiones históricas que aparecen en la obra, se habla de las Cortes celebradas en Toledo. Manuel Asensio es partidario de adelantar la fecha hasta los años veinte (1525-1540) por el ambiente de pobreza reflejado en el relato.
Respecto a la fecha de impresión, se conocen tres primeras de 1554: Burgos, Alcalá y Amberes que presentan muchas variantes entre sí. Existe la teoría de textos anteriores, pero no se han encontrado.
La obra consta de un prólogo y siete tratados. No hablaremos de su argumento pues lo damos por conocido, pero sí nos vamos a referir a otros aspectos interesantes de su forma y estructura.
Ya en el prólogo, se nos anuncia que se trata de un relato autobiográfico:
“Pues sepa V.M. ante todas cosas que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antonia Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del río Tormes…”
Toda la acción es retrospectiva y conduce a la exposición del caso, de cuyos detalles quiere enterarse la persona desconocida a la que Lázaro dirige su carta. El caso es la deshonra por las relaciones entre su mujer y el Arcipreste de San Salvador.
Entre los antecedentes autobiográficos cabe citar El asno de oro de Apuleyo. Blecua apunta otro tipo de autobiografías escritas por ilustres y soldados o los propios religiosos, como Confesiones de San Agustín.
Mayor semejanza existe entre el Lazarillo y las llamadas cartas de relación que dan cuenta de los hechos acaecidos, como las de Colón o Hernán Cortés.
Sobre el motivo que pudo conducir el desconocido autor a usar la forma autobiográfica, esta podría tan solo haber sido la manera de dedicar atención a personajes insignificantes de baja calidad, que hasta entonces no tenían hueco en la prosa narrativa, lo que no implica que hable de su propia vida.
Lázaro Carreter considera que es una novela de estructura cerrada, el relato está escrito para una persona que se desconoce y a quien se dirige la fórmula de vuestra merced. Cuando Lázaro le informa de cómo contrajo matrimonio y terminó como pregonero acaba el caso, concluyendo, pues, la novela.
Pero si la consideramos como una novela de personaje, entonces parece que se trata de un relato abierto, ya que Lázaro era un hombre joven y había posibilidades de nuevas aventuras.
Lazarillo tiene una deuda con historias y personajes folclóricos de gran tradición que tratan figuras esquemáticas y caricaturescas. Lazarillo es una adaptación de motivos literarios convertidos en obra de arte.
Por otra parte, podemos afirmar que en el libro no solo hay mucha vida plasmada en sus páginas, sino también mucho de literatura mezclada en aquella vida.
Que el Lazarilla tiene una intención moral, didáctica, irónica o satírica es un concepto de larga fecha. La tesis del erasmismo fue planteada por Moral Fatio y aceptada por Menéndez Pelayo y Julio Cejador.
Para Bataillon el anticlericalismo de la novela procede de la tradición medieval y nada nuevo añade que lo relaciona con la crítica de Erasmo. Aunque no niega que este dilema contribuyera a crear la obra y a su éxito.
Pero hay diversos planos en que se pone de manifiesto el erasmismo, como la burla en el episodio del bulero hacia la devoción lacrimógena, tratado con carácter peyorativo o la frecuente alusión a la falta de caridad de los que más deberían cultivarla.
Alusiones irreverentes al Sacramento de la Eucaristía nos ponen en relación con la secta de los dejados, condenados por su falta de respeto por la Eucaristía, con la que nos sitúa en un posible autor converso.
En definitiva, el Lazarillo, a la luz de las recientes investigaciones, aparece cada vez más como un libro cargado de contenido ideológico.
Por otro lado, su lengua contribuye a reforzar un particular realismo que no pretende la reproducción fotográfica de la realidad, sino que la elabora. El Lazarillo es un prodigio de equilibrio entre lenguaje coloquial, en el que no faltan, como es natural, las expresiones populares, y un nutrido repertorio de refranes y modismos: “a quien nada es imposible, antes es todo posible”.
Probablemente lo más artificioso de la obra sea esa apariencia de sencillez que tan bien cuadra con la humilde condición de su protagonista.
El autor se caracteriza más por la selección que por la invención. Representa la reacción frente a la cortesanía y la retórica renacentista introducida en el diálogo por la Celestina.
Polisíndeton, construcciones gerundivas, aliteración e hipérbaton, ingeniosos juegos de palabras… valga de ejemplo el refrán anterior. El autor, en definitiva, dentro de su sencillez y tono popular, incorpora recursos estilísticos cuidadosamente dispuestos, por lo que podemos decir que no es una persona inculta.
Realiza una localización precisa de los lugares y de la realidad ambiental, aunque esa sobriedad informativa alcanzó más profundamente a los personajes.
Nota esencial es la constante presencia del humor, retozón a veces o escéptico, pero humano siempre. Es una forma de suavizar la amargura.
Con el Lazarillo madura ese gusto español por los ambientes realistas y pintorescos y por los personajes del hampa, quedando difusa la frontera entre crítica y apología.
Con esta obra se puede hablar ya de novela moderna española, abre un camino que lleva directamente al Quijote, sobre todo por su dimensión universal en lo que aparentemente no tiene más trascendencia que su propia fugacidad. De este libro ya pudo recoger Cervantes los dos componentes fundamentales de su obra: la controversia entre realismo e idealismo y la síntesis entre amo y criado, entre pícaro y caballero.
En cualquier caso, si el Lazarillo entró a formar parte de la tradición popular fue porque circuló por vía oral. Aunque el libro se vendió poco su influencia fue tan grande como el influjo que ejerció sobre las letras españolas. Fue preludio del Quijote, Cervantes sería uno de los pocos que supo apreciar su valor.
El peculiar carácter episódico del Lazarillo y la rápida fama que alcanzó explican la aparición de diversas continuaciones, como la Segunda parte del Lazarillo de Tormes, en la línea del Asno de Oro, alegoría social, la obra de Juan de Cortés Lazarillo de Manzanares, de semejanzas parciales, aunque más cerca del Buscón de Quevedo.
Un curios libro es el Lazarillo de ciegos caminantes, una descripción de los itinerarios de Buenos Aires a Lima.
También en nuestro siglo Cela, Ciro Bayo o Eduardo Alonso, Palos de ciego (1997), han seguido esta línea.
LA NOVELA PICARESCA
No hay duda de que el Lazarillo está en el origen del género, aunque no se pueden ignorar las enormes diferencias de concepción que la separan del resto. Señalamos a continuación, en cualquier caso, las características comunes:Forma autobiográfica, el protagonista cuenta sus propias andanzas desde una doble perspectiva: autor-actor.
Orígenes deshonrosos, los antecedentes familiares le justifican.
Sátira social.
Intención moralizante.
Estructura abierta, la figura del pícaro es lo único que da coherencia al relato.
Personalidad del pícaro: astucia e ingenio le permiten sobrevivir. El propósito ejemplarizante impone los límites.
Señalamos ahora las características del pícaro en sí।
El pícaro inicial, el que nos presenta el Lazarillo, es en el fondo buena persona. Pero sistemáticamente, la vida le exige defenderse y engañar. Cuando sus trampas acaban por ser fracasos llegan los palos, golpes y encarcelamientos. Destaca por eso en su comportamiento la resignación y la astucia.
En cambio el pícaro del siglo XVII, ya avanzado y madura la novela, parará en galeras, en clara situación de una sociedad que precisa defenderse de él (véase Ginesillo de Pasamonte, autor de su propia vida en forma de relato, Vida de Ginesillo de Pasamonte por él mismo)। Detrás de todo queda siempre una vaga luz de esperanza.
Pese a las vinculaciones históricas y sociales, el pícaro es ante todo un personaje novelesco, cuyas principales características son las siguientes:
- Actitud antiheroica
- Encarnación del deshonor y libertad. Afán desmedido por saltar las barreras socio-morales de la época.
- Genealogía vil.
- Ley del hombre e ingenio picaresco.
- Pícaro como delincuente. Paso de la inocencia a la malicia.
- Mendicidad como modo de vida.
- Encuentro con un mundo adverso.
- Malas compañías.
- Pícaro hablador: narrador de su propia vida; y escritor: autobiográfica.
- Soledad del pícaro.
- La moral del pícaro. Describe un mundo de maldad, injusticia y perversidad con el fin de excusarse.
Con todas estas características que se incluyen en el Lazarillo, su publicación en 1554 suponía el inicio de un nuevo género narrativo además de la apertura del camino que llevaría a la novela moderna, la novela realista del XIX. Antes del Quijote no hubo otro caso semejante de relato anónimo.
El Lazarillo lograba que un personaje de la más baja estofa protagonizase en serio una novela. Superaba además la simple serie de episodios inconexos que caracterizaba a la novelística anterior con una construcción coherente y bien organizada. Ordenación temporal de los episodios, de la niñez a la madurez, gradación psicológica.
Creada ya la figura del pícaro antihéroe es muy fácil volver a encontrar en nuestra literatura tipos y caracteres que participan de los rasgos de estos célebres vagabundos del XVI y XVII: Torres Villarroel con Vida, Misericordia de Galdós, algunos episodios de Baroja, Camilo J. Cela…
Convertido hoy en una constante del arte nacional, el gran invento del Lazarillo fue hacer del hombre de carne y hueso, con sus flaquezas y duro persistir sobre la tierra, un personaje literario. Antes de Lázaro el personaje literario era un mero ente de ficción.
Introducción al tema
Se ubica este tema en un período dramático de nuestra historia, entre el resplandor imperial de la España Renacentista de Felipe II y el inicio de la decadencia de la nación coincidente con el período Barroco.Sin embargo, la consolidación de los valores renacentistas propicia una serie de cambios en la sociedad, ahora más estable, la extensión de la lectura en escuelas y universidades y el abaratamiento del libro generan una demanda de obras que va a encontrar adecuada respuesta en los autores. En esta época, novela se corresponde con narraciones breves, el resto de relatos, más extensos, son conocidos como vida, tratado, historia o libro. La culminación de estas tendencias es la picaresca, que abre las puertas a la novela moderna.
El Lazarillo supone a la vez aparición y triunfo del género picaresco, uno de los más populares y representados de nuestra literatura.Aunque la obra, como creación, es fruto de una inspiración genial, su alumbramiento estaba implícito en las propias entrañas de nuestra literatura, como podemos comprobar en los personajes de La Celestina, las farsas teatrales, comedias de Gil Vicente o en La lozana andaluza.
La aparición se debe al pensamiento de los conversos y su reacción ante una situación de desprotección, ligado al erasmismo reformista, crítica social en forma satírica, en correlación con el brote de pintura grotesca que se da en los Países Bajos.
En la línea abierta por el Lazarillo circulan en el siglo posterior obras importantes, obras picarescas como El Buscón de Quevedo o el Guzmán de Mateo Alemán.
Para el estudio de este tema hemos decidido centrarnos en tres bloques principalmente. En el primero, a modo de introducción, vamos a tratar las principales formas novelescas del siglo XVI.En el segundo, conoceremos la novela picaresca, para detenernos con mayor detalle en la obra capital que da lugar al género, el Lazarillo.
Por último, cerraremos la exposición aludiendo a otras importantes creaciones de la novela en el siglo XVII, con especial interés nos acercaremos a las Novelas ejemplares de Cervantes.
Lo limitado del tiempo y la elección de estos bloques temáticos nos impedirá desarrollar con detalle otras formas novelescas cultivadas en este período, como la novela conceptista y la obra de Gracián, El Criticón, la novela autobiográfica, representada por La Dorotea de Lope, la novela bizantina, a la que Cervantes dedica buena parte de su vida con Los trabajos de Persiles y Segismunda, las novelas de Tirso, véase Los tres maridos burlados u otros importantes productos novelescos del XVII como el pastoril, el relato lucianesco y la novela corta italiana, géneros estos dos últimos que sí se recogen de algún modo dentro de las citadas Novelas ejemplares.
viernes, 23 de enero de 2009
LA NOVELA EN EL SIGLO XVI
Vamos a citar a continuación las formas novelescas más cultivadas y de mayor repercusión en el público, algunas de las cuales se remontan a la Edad Media। Mencionaremos también algunos de los autores más destacados del siglo XVI।
1. Libros de caballerías. Tienen su origen en la literatura medieval europea, fueron el género novelesco más abundante durante la regencia del Emperador. Sus temas, relacionados con la épica francesa se nutren principalmente de tres fuentes: clásica, carolingia y céltica o bretona.
El caballero andante presenta no pocas semejanzas con el héroe mítico de la poesía épica. Su éxito en el XVI se basa en el interés que despertaba entre personajes de alta alcurnia y elevado nivel cultural, véanse los propios aventureros de indias o incluso conocidos personajes religiosos.
Había en España un ideal caballeresco y espíritu de cruzada que alimentaba este suceso. Dos referentes en los libros de caballerías del XIV: La gran conquista de ultramar y El caballero Zifar. Pero es Amadís de Gaula la más importante y difundida obra de este género, firmada por Garci Rodríguez de Montalvo. Es elegante y sin caer en los excesos de otros libros de semejante carácter.
Las aventuras de Amadís se suceden en numerosos países, novela cosmopolita, pero no deja de resplandecer también en la obra el maniqueísmo más absoluto. Es en fin un manual del perfecto caballero, fusión de enamorado y andante caballero.
Se trata de una leyenda artúrica (Lancelot y Tristán) con influjos hispánicos (La gran conquista de ultramar). La enorme fama del género dio lugar a novelas a lo divino, una versión religiosa con fines doctrinales de aventuras de héroes fantásticos, como réplica a unos libros duramente criticados por los moralistas.
La novela de caballerías decae hacia la segunda mitad del siglo y llega agonizante al XVII, cuando recibe su último gran golpe con la genial crítica cervantina del hidalgo manchego.
2. La novela hampesca. Tiene su mejor reflejo en La lozana andaluza. Publicada en 1528 en Venecia, es la visión realista de un hombre que se acerca con cierto regusto medieval al quebrantamiento del petrarquismo y el idealismo.
Perteneciente a la familia de La Celestina, participa del medievalismo del Libro de Buen Amor y constituye una anticipación moderada de la esperpéntica valleinclanesca. Su humanismo es dignificador.
3. La novela histórica o seudo histórica. El Relox de príncipes o Libro de M. Aurelio es tal vez la obra más leída hoy de Fray Antonio de Guevara. Viene a ser un tratado pedagógico en forma novelesca al estilo de El Príncipe de Maquiavelo.
4. Prolongación de la novela sentimental. Cuando el s. XV comenzaba a declinar, la literatura española alcanzó su primer gran éxito europeo con una breve narración sentimental de Diego de San Pedro, Cárcel de amor, inspirada en la Fiametta de Bocaccio.
Teniendo siempre en el recuerdo Cárcel de amor, la prosa narrativa del XVI, dentro del cauce de la novela sentimental, se manifiesta sobre todo en narraciones breves. Mezcla la prosa y el verso e incorpora lo fabuloso y lo mágico.
5. La novela pastoril. Frente a la novela de caballerías, la narración será ahora racional y verosímil, ofreciendo un mundo artificiosamente perfecto y poblado de figuras ejemplares. Se deleita en el análisis y descripción de los sentimientos. Su fama se prolonga en los primeros años del s. XVII para desaparecer definitivamente con Los pastores del Betis, 1633.
La tradición bucólica que arranca de Virgilio, arraiga en el Renacimiento con su idealización del mundo natural y los pastores. Las Églogas de Garcilaso son una magnífica representación de este arte.
Diana de Jorge de Montemayor inaugura el género en la Península, su gran modelo es Sannazaro. Posteriormente encontramos alguna prolongación, como La Galatea de Cervantes o la Arcadia de Lope, pero ya en proceso de decadencia.
La Diana, de Gil Polo supera estilísticamente a la anterior.
6.La novela morisca. Durante este período cobra también gran auge la figura del musulmán caballeroso y galante, maurofilia. El nuevo personaje no constituía una novedad, ya los romances fronterizos del XV habían iniciado la idealización del mundo árabe.
Su influencia alcanzó a Cervantes (Quijote) o Lope y llega hasta el Romanticismo, Cuentos de la Alhambra, de W. Irving o Víctor Hugo.
7. La novela corta italiana. En España encontramos una larga tradición de narración breve de carácter moral desde la E. Media. Se toma ahora como modelo el relato corto italiano: Bocaccio, Straparola, etc. El gran creador del género es Cervantes. De este tipo son las propias Novelas ejemplares, a partir de las cuales cobra auge en España este fecundo género.
8. La novela bizantina. Sucesión de aventuras que llevan a la separación de los amantes y acaban en el reencuentro feliz después de largas peregrinaciones por el mundo. Cervantes prolonga el género con Persiles.